Bioy Casares, Adolfo

"Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros"
"Escribir es agregar un cuarto a la casa de la vida" (Sics. del autor)
Cuando se conoce la obra de Bioy Casares y la de Borges, a menudo resulta en gran medida considerar injusto que al primero se le conozca más por el segundo y la fundamental amistad que les unió, que por su propia relevante obra. Pero como todo, o casi todo, en la vida tiene una explicación y en el caso que nos ocupa, lógicamente la tiene, al margen de los gustos literarios por uno u otro autor de cada cual pués nos encontramos ante dos autores que, en lo empírico, forma de entender el mundo y trayectoria vital, no pudieron ser más antagónicos en lo fundamental.
Bioy, hombre rico por familia, deportista, guapo, atractivo, elegante, alegre, ameno en el charlar y de gran sentido del humor, amante de la transgresión, las mujeres, las aventuras y el sexo, ocupaba un lugar en el mundo, el suyo, que en ningún momento, ni por un segundo, podría haber ocupado Borges, aunque se lo hubiera propuesto y trabajado a lo grande, por no haber en él ni uno solo de los dones personales que a su amigo Adolfo a lo grande, de forma natural y nata, adornaban. Y qué decir de ese poder de seducción que al primero le sobraba a raudales y, al segundo, los dioses le negaron.
Tal vez por eso, Adolfo, se dedicó a vivir, como gran vividor que fue, anteponiendo la vida a su afán por la notoriedad internacional. Y no es extraño, pues ocupado siempre lo estuvo en aventuras, conquistas y juegos malabares, no sin que su obra ocupara un lugar fundamental en la que sus experiencias servían como previo hilo conductor.
Considerado como sobresaliente autor de ficción, escribió cuentos, novelas y memorias, partiendo fundamentalmente su creación del sueño, la ciencia y las angustias del hombre y la mujer contemporáneos. Se asombra ante la realidad y nos desconcierta con ella, dilucidando el problema de la identidad única e individual de la persona, especulando con la muerte y la transustanciación del alma así como con el amor o la vida sensorial de los humanos.
Cuentos y novelas que, en este sentido, buscan penetrar en una realidad, si no mágica, en el más allá de las experiencias cotidianas tratando de resolver las limitaciones rutinarias y consustanciales de la vida.
Las narraciones de Bioy necesitan, para conseguir su efecto, apartarse de recursos
periodísticos. Para él, el origen, el mundo y los acontecimientos son la forma de sitiar al hombre en un sector preciso del universo donde se encontrarán indefectiblemente a merced de dos poderosas entidades: la razón y el destino, descubriendo que, por encima de la inteligencia, la lógica y lo aceptado comúnmente como realidad, fuerzas superiores gobiernan los aconteceres, de tal manera que sus tramas, matemáticamente concebidas, recuerdan las de una novela policial donde todo está ajustado con una perfección extrema aunque siempre, y ante todo, preocupándose por destruir la felicidad o aparente felicidad de sus personajes, desgarrándoles para mostrar sus miserias, castigándoles curiosamante unas veces con el amor y otras con una imposible muerte buscando con ello crear la consciencia de la necesidad constante del paraíso anhelado cuya consecución en mínima medida está en sus manos.
Y, sí, la búsqueda de ese paraíso, el caos, la vejez y la muerte, en el particular destino del autor, como si lo hubiera visto él mismo de antemano, tuvo mucho que ver.
Se casó con Silvina Ocampo, 11 años mayor que él, inteligente (intelectualmente multidisciplinal), acaudalada a su par, aunque escasamente físicamente agraciada, hermana de la escritora Victoria Ocampo y otras hermanas entre las que elegir entre sus pares en lo social-cultural, que formaban la familia de tal apellido.
Silvina, desde que lo vio por primera vez, vestido de blanco, apuesto y hermoso como un diós, ya no pudo dejar de pensar en él. Se celebró el matrimonio algunos años después (uno de los padrinos del enlace fue Borges) formando, se podría decir, una pareja "particular" porque en tal unión cabían muchos más que dos.... Ella, extraña y celosa (con sobradas razones), perdonaba todas las infidelidades de un hombre que, a pesar de todo y a su manera, la adoraba, aunque la convivencia irregular se agravó cuando el padre de Adolfo enviudó y fijó su residencia en el domicilio marital. No la quiere, ya el colmo para él fue asistir impotente al casamiento de su hijo, bellísimo, inteligentísimo, riquísimo, con la hija "feaza" de los Ocampo, que tenía tanto dinero como él, pero que le llevaba sus buenos años y, por si poco fuera, no le podía dar nietos.
Tras varias crisis nerviosas de la esposa y de haber considerado la posibilidad de adoptar un hijo habido de la relación de su marido con una de sus amantes, el matrimonio adoptó una hija de padres ajenos, de tres meses, Marta, que moriría a los 40 años atropellada por un automóvil veinte días después que su madre adoptiva falleciera (1994) y cinco largos años antes que Bioy Casares muriera (1999). Así pués, él, que tantas vueltas dió en sus estupendos cuentos y novelas a la vida en todas sus vertientes, a la muerte y a la vejez siempre bajo el insoslayable poder del destino y tantos caminos abiertos buscó en su explicación, él, que tanto y por tantos fue acompañado y tanto valoró la amistad, tal vez por encima del amor, perdiendo a J.L. Borges anteriormente en 1986, fue un hombre abandonado a su destino en su vejez aunque escribir escribió, y muy bién, publicando y lúcidamente expresándose hasta su final.

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-> * Leer Anécdotas sobre Bioy Casares Aquí y aquí
-> El autor en Wikipedia

2 Comentarios:

Pilar Moreno Wallace dijo...

El autor -Bioy Casares-dice algo que refleja también mi sentimiento: el amor a la vida tiene que ver mucho con el amor a los libros. Yo no puedo hacerme la idea de una vida sin libros.
Saludos.

El Dosmilypico dijo...

Eso nos pasa a muchos Pilar, los libros son como pilares y fuentes de vida. Imprescindibles.

Saludos.